Ensayos 3

Texto de ficción autobiográfica sobre la novela Austerlitz, en Revista Tokonoma nº 13, 2009 www.revistatokonoma.blogspot.com
y elaboración del Seminario «El cuerpo en la letra», en Revista Boca de Sapo nº 5, 2009 www.bocadesapo.com.ar y en Revista La Biblioteca nº 11, 2011, de la Biblioteca Nacional Argentina. www.bn.gov.ar/revista-biblioteca


Deshilvanar. Fragmentos. (*)

Representación del cuerpo en la tortura y la represión.
Narrativas argentinas 1960-1990.
“Pensar, escribir, es según nuestro parecer, prestar testimonio por el timbre secreto. Es inevitable que este testimonio haga obra y que esta obra, en algunos casos, al precio del peor error (méprise), del peor desprecio (mépris), pueda incorporarse a los circuitos de la megalópolis mediática; pero también lo es que la obra así promovida sea deshecha de nuevo, deconstruida, desobrada, desterritorializada, por el trabajo de pensar más y por el encuentro desconcertante con una materia (con la ayuda, no de dios o el diablo sino del azar). Demos testimonio al menos, y una vez más y para nadie, del pensamiento como desastre, nomadismo, diferencia y desobramiento. A falta de grabar, hagamos nuestros graffiti. Esto parece de una verdadera gravedad. Yo me digo, sin embargo: aun quien sigue prestando testimonio, y testimonio de lo que es condenado, lo hace porque no está condenado y sobrevive al exterminio del sufrimiento”.
Jean-Francois Lyotard, Lo inhumano
Pensar la literatura como forma de inventar lo sucedido para que suceda en una historia de lecturas.
Borrar la imposibilidad del lenguaje de transmitir una experiencia: algo que reproduzca, en su decir, la materialidad de aquello sobre lo que se ha trabajado.
Lo fragmentario de esta escritura como parte de esa materialidad: se da a leer partes, pensar el pensamiento en esquirlas, restos, rémoras, rezagos.
Pensar, con Darnton1, si los libros producen acontecimientos, si los libros producen revoluciones, la manera en que las ideas se mezclan con los acontecimientos.
Vuelvo a ver un documental que registra una entrevista entre Jorge Semprún y Elie Wiesel, donde este último dice: “Callar está prohibido, hablar es imposible”. Durante todas las dictaduras se produce la operación ¿inversa?: “Hablar está prohibido, pero callar es imposible.”
Pensar la literatura como camino oblicuo que permite el pasaje del cuerpo por el enrejado de la prohibición. El triunfo de la letra o el fracaso del sentido.
Cito: “Lo que no puede producirse en lo real (en lo real político, en la real-polítik), vuelve en el plano de lo imaginario”2.
La literatura argentina hace hablar a los cuerpos desde sus orígenes -en El matadero, de Esteban Echeverría-, aunque para ello invente formas de enmudecimiento. Ese silencio habla. Entre el silencio y lo que habla en el silencio, se intenta una escritura.
¿Qué es lo que haría que un tema se convierta en una matriz productiva de hechos estéticos-éticos más que la relación con la experiencia?
El cuerpo que escribe, como un cuerpo testigo: ser testigo, prestar o no testimonio o ser sobreviviente, aquel que ya no puede hablar.
Pensar la relación entre los textos y la experiencia: como transmisión, pero de una experiencia de lecturas. Ninguna de estas ideas está producida por otra cosa que la lectura, todo proviene de la lectura, entendiendo que se superpone, se trama, actúa sobre, otras experiencias. Se trata de lo que las lecturas le hacen a mi cuerpo.
Crear un teatro de ideas para modos de representación de los cuerpos en sus construcciones lingüísticas y represivas.
La literatura argentina no se estaría escribiendo en lo que estamos por convención acostumbrados a llamar novelas, cuentos, no-ficción, sino en textos que bordean el ensayo filosófico, psicoanalítico, sociológico, más allá de cuestiones de géneros: una indagación sobre su función como elaboradores del habla del testigo.
Pensar la relación entre cuerpo y política en la literatura argentina una vez más:
La relación entre la literatura argentina escrita durante y sobre la Dictadura Militar de 1976 y la literatura escrita después y sobre el Holocausto o Shoah.
El Holocausto en el horizonte de las interpretaciones de toda lectura y escritura posterior a él: parte de la cultura, de las lecturas, con que la literatura argentina fue inventando formas de un hacer hablar a la Historia.
Dar a ver como un dar a sa-ber.
“Paraíso perdido
Estamos condenados, no supimos crear el olvido.”
( en Descomposición.1980-82)
El saber sobre la Historia: siempre en términos de memoria y olvido.
Inscribir la letra en el cuerpo: la Historia como la historia de un cuerpo.
Elijo El niño proletario y Los Tadeys, Osvaldo Lamborghini, Cuerpo a cuerpo, David Viñas, Ultima conquista del ángel, Elvira Orphée, “Cambio de armas”, de Luisa Valenzuela, para una primera trama ejemplar, de procedimientos de ficcionalización, sus juegos y variaciones: el trabajo metafórico y referencial sobre tortura, represión, recuerdo, saberes médicos, policiales, Historia del Arte, Cultura Nacional, lo que vendrá.
La Historia argentina, sin embargo, inventó figuras, tropos, recursos de la imaginación del Poder: los Desaparecidos y su correlato corporal, las Madres (cuyo poder destituyente3 ha sido el resultado inédito de una política que se podría sintetizar en ‘no llorar, no abandonar el espacio público, persistir’ y con la que abrieron una ‘falla’ en el sistema represivo) y los Niños apropiados: perfeccionamiento de los procedimientos de manipulación sobre los cuerpos, que la literatura ha pronunciado y pre-anunciado: “Matar a un niño proletario es un hecho perfecto”4.
Cito:“(…)¿Que hacer con estos textos: encerrarlos, esconderlos, quemarlos? Hablan sin detenerse, construyen y reconstruyen lo que, desde otros lugares de la sociedad argentina, se pretende cegar. Para lograrlo, habría que suprimir buena parte de la literatura argentina de estos últimos diez años. Y sería una empresa inútil o una impensable operación que destruya por completo lo que ya es materia de la memoria. Si el discurso oficial, bajo el reclamo militar, establece la reunificación por el olvido, otros discursos son portadores del pasado. Leo en «Pandora huele»:
una palabra
si se guarda mucho tiempo
larga heces
materias hirientes
al ojo y al oído
humedades
hace
sangre por varias de sus partes
no se pudre
dada su condición
de testigo de cargo
pero apesta
( en Descomposición, 1986, Ediciones de la Flor)
Pandora, la literatura, insiste en tener abierta la caja que otros quieren cerrar. La pretensión de los militares, dar vuelta la hoja ya escrita de la historia, podrá acatarse en algunas instancias. Pero no en otras: las palabras, efectivamente, son testigos de cargo. Ya se probó, en la Argentina, que su circulación puede ser interrumpida, pero también que, tenazmente, vuelven a hacerse oír. Apestan pero no se pudren, no se desintegran. Las palabras, contra toda evidencia del sentido común, son más pertinaces que los cuerpos. Estos pueden desaparecer, ser tirados al mar (“un náufrago acaba de nacer», también en el libro Descomposición, de Lukin, escrito entre 1980-82), pero los textos que recuerdan esa desaparición,(esos poemas donde hay dedos que «parecen cuervos… agitándose sobre el agua»), ídem, regresan, abierta la caja de Pandora, a decir precisamente lo que están diciendo.
Leímos la literatura de estos últimos años, poniendo un orden, el de las palabras, en contacto con el orden de una biografía colectiva. Para olvidar, sería preciso no sólo destruir nuestro recuerdo, sino también cerrar esa caja de Pandora, la literatura. Habría que borrar el rastro material de las escrituras, su huella impresa, y el rastro de la memoria de las lecturas. Para dar vuelta la página y escribir otra que la contradiga, sería preciso que olvidáramos dos veces: lo que sucedió con cada uno de nosotros y lo que con este material colectivo, identificable o anónimo, trabajó la literatura.(…)”5
Escribir “sufro” no produce sufrimiento ni da a leer sufrimiento, es preciso una escritura que sufra.
“el cuerpo más cuerpo es el cuerpo muerto”
(en Descomposición.1980-82)
Se trata de pensar lo que las lecturas le hacen a un cuerpo. Yo soy mi cuerpo. Se trata de pensar, no ya con Spinoza, que “nadie sabe lo que puede un cuerpo”, sino lo que una historia de lecturas puede hacerle a un cuerpo.
¿Qué le hacen a mi cuerpo? ¿Qué le hacen a un cuerpo social? ¿Qué le hacen al cuerpo de una sociedad que no lee esos textos?
“las aguas que los muertos
dejaron de beber
corren más lentas”
(en Descomposición.1980-82)
-Cito: “Este es un presente donde la revisión de lo que pasó se hace desde la idea de que el poder de la verdad como ficción (en lo que coinciden las grandes teorías de las ciencias humanas) tiene un efecto tal, que es muy difícil saber dónde ponemos hoy escritos como los de Walsh, los de Osvaldo Lamborghini. Aunque se diferencian, me parece que están hechos casi con similar intención o con una diferente idea sobre la historia. Digamos, desafían el presente. En este sentido, la verdadera literatura, lo que uno supone que es la literatura, sería una forma de desarmar la historia del presente”.6
Creo en una vuelta a la ‘verdad’ del testimonio. Devolverle la historicidad a la narración sobre los cuerpos, con una relectura de lo que está en el borde de los géneros.
Elijo Gutural y otros sonidos de Estela dos Santos, Diario íntimo de Odolinda Correa de Roma Mahieu, En estado de memoria de Tununa Mercado y La traducción de Sonia Catela, para una segunda trama ejemplar. Formas extremadamente singulares de la representación del cuerpo femenino en situaciones límites, en escrituras también limítrofes, aún en su adscripción a géneros o fórmulas. Exponen como objeto del relato a mujeres que, víctimas de miseria e ignorancia, represión escolar, violación sexual, exilio, enfermedad, prisión o secuestro, tortura, intervención en nombre de la salud mental, física o reproductiva y otras discriminaciones, “hablan” en una 1º persona: diario íntimo, confesión, crónica, documento, memorias, cuaderno de bitácora. Indecidible.
Instalado su registro en ese límite de las formas de ficcionalización, la subjetividad así expuesta pone al relato en el dilema de recepción que establece toda escritura trabajada entre la ficción del testimonio y el testimonio de la ficción. De aquí, un programa.
Esta no casualidad, esta primera persona que me interpela desnudamente en cada texto, es lo que establece el corpus: ellos, ellas, me han comprometido, no en la lectura solamente, sino en sus efectos. Deberé pues, responder.
Estos textos reescriben aquello que nunca cesa de necesitarse decir.
Un fragmento de La ciudad ausente7, que se llama “Grabación”: la desgrabación del testimonio de un hombre que fue testigo, un testigo que da testimonio, que presta testimonio, de cómo él vio, en el campo, la constante llegada de camiones que traían cuerpos y la cavada de los pozos y cómo los pozos eran tapados con cal, por lo que creaban un mapa, una cartografía de puntos blancos en la noche, porque la helada producía una reverberación en los lugares donde estaban los pozos, que él, el testigo, había contabilizado como más de 700…..
Un riesgo: ‘el texto como osario de signos’8.
La escritura como el hueso pelado, lo que después de la cal y el paso del tiempo ha quedado de los cadáveres.
Si los textos son memoria, si los textos son la memoria social, están condenados al fracaso porque la memoria, como operación, como reinvidicación del pasado, construye osarios:
Lugares de conservación de la casi nada, restos, el espejo de la nuda vida.
Entonces otra operación posible: trabajar con el olvido y poner en escena el olvido.
Lo que no debe ser olvidado es que hubo un olvido.
“obesidades de la memoria
secretan
jugos que a nadie dan paz
úlceras en lo liso
apetitos: soñar más
la misma secreción:
allí se vive
drenando
una condena que a nadie
dará de comer”
(en Carne de tesoro. 1983-1989)
Gerard Wajcman 9, concluye en que el verdadero objeto del arte del siglo XXI no es, como podría suponerse por la insistencia de la palabra en las sociedades de Occidente, la Memoria, sino el Olvido.
Describe los antimonumentos del artista Jöchen Gerz. Una ciudad alemana lo convoca para una obra sobre el Holocausto. Toma la calle empedrada más importante del centro cívico, levanta todos sus adoquines y separa 2146, la cifra exacta de la cantidad de cementerios judíos existentes en Alemania en 1939, destruidos por los nazis. En la parte de abajo de cada adoquín escribe el nombre de un cementerio y se vuelven a colocar los adoquines en su lugar, con la inscripción hacia abajo. Los ciudadanos de esa ciudad y del mundo que transiten esa calle, desde el momento en que la obra ha sido realizada, pisarán con sus pies sin saber cual adoquín es el que está escrito y cuál no, aleatoriamente caminarán y pisarán por siempre lo que queda, el vacío, la falta, de los miles de cementerios judíos aniquilados.
Arrasar cementerios: la aniquilación de la aniquilación, en la escena pública, no a la vista, sino a los pies del Mundo…
Similar operación se lee en La ciudad ausente, porque esa cal que reverbera en la noche es como el adoquín dado vuelta. Esos campos donde se pueden contar hasta 700 luminosidades bajo la escarcha, son la versión de la calle de los adoquines intervenidos, pozos negros que irradian la luz de un conocimiento, excedidos por la potencia de lo que allí yace.
Olvidar o recordar son actos de la voluntad.
Aunque Oscar del Barco 10 dirá: “más que oponerse al olvido (lo que no puede darse), habría que tratar de acceder a la verdad del campo de exterminio en cuanto revelación” y cita a su vez a Robert Antelme cuando en La especie humana, de 1947, dice “nuestro horror era nuestra lucidez”.
Trabajar el lenguaje para provocar algo que sea inolvidable. Inolvidable, ese debería ser uno de los objetivos de la literatura, ser inolvidable.
Cito:“Se podría decir que un texto, en el sentido de una invención de pensamiento (y sea lo que sea eso que uno califica como género, poema o novela, texto llamado filosófico) es eso que un cuerpo hace al lenguaje.
Y si un texto, en este sentido, es eso que un cuerpo hace al lenguaje, entonces obliga a pensar, repensar eso que se llama sujeto (…) Entonces, la poética es ella misma una ética en acto del lenguaje (…) ella es en un mismo movimiento, política. Una política del sujeto. De los sujetos.”11
La literatura sería aquello que puede un cuerpo en el lenguaje. La literatura como una acción.
La producción literaria (ficción, no ficción), sabemos, dialoga con la tradición literaria y no solo con “lo real”.
La literatura ‘se hace cargo’ de encontrar un lugar, que es lo mismo que encontrar un estilo, porque el lugar que la literatura busca es un lugar en el estilo.
Pensar algunos temas que la literatura argentina no pudo tomar, trabajar todavía: la desaparición de las manos del cadáver de Perón. En cambio, hay un tema como el del robo del cadáver de Evita y la relación establecida entre el secuestrador del cuerpo y ese cuerpo embalsamado, que fue matriz de muchos textos. Una operación, la del ocultamiento de ese cadáver, que está pre-anunciando lo que la dictadura militar posterior va a hacer con los cuerpos.
Como si la Historia le estuviera avisando a la literatura: como si hiciera los argumentos para la repetición en la Historia, pero también le diera los argumentos a la literatura.
Los textos dados a leer como metáfora que regresa.
Preguntarse no cómo ocurrió, ni siquiera por qué ocurrió, sino: cómo es posible que habiendo ocurrido y sabiéndose, una sociedad entera pueda negarlo por omisión, olvido o voluntad. Y cuál es el destino (la marca ética que eso deja en él) del cuerpo social que ha elegido eso o que ha dejado hacer, sin sentirse responsable.
La historia argentina no abandona sus motivos ni literarios ni históricos y los reinstala a nivel de lo real o de lo ficcional, infinitamente. 2001, 2002: todo estalla, otra vez hemos perdido todo. Incluso las metáforas. ¿Qué narrativas darán cuenta de esto? Es una de las preguntas que se hace Martyniuk , desde la asunción de una enorme tristeza, qué clase de narrativas convocan hoy a la sociedad, que no sean las del fútbol. La sensación, escribe, que tiene una sociedad, de que la desaparición es algo que continúa continuamente.
Estar atento, dice, ¿qué nos queda por hacer? Insistir, llamar la atención, escribir, levantarse, hacer fuerza para levantarse, aunque no queden más fuerzas, seguir, escuchar. “Escribir como golpear el ser, despertando atención, desembotando sentidos, la lectura y escritura contra la indiferencia”.12
De la enorme tristeza. Nadie olvida nada.
“víctimas
así como arden pavesas en mi memoria
en mi también memoria arden los días
por venir
ah música de la palabra
pena tras pena en los ojos del niño
arden los juegos en mí
yo veré crecer las parvas del amor
en total abandono
yo veo crecer las carnecitas del amor
como un testigo inútil
(he venido viajando: equipajes
la memoria
¿y acaso en el camino no habla
un dibujo no escribe un trazo
de tiza la línea de cierto saber?)
así como crecen las del amor en mí
crecen y caen crecen y arden
sus carnes de dulzura
sin que yo pueda lavar
de los días la indiferente
en los ojos del niño
así como arden en mí memorias
yo testigo –yo inútil- arderá”
(en Carne de tesoro. 1983-1989)
Un cuerpo de ideas que viene con todo su peso sobre mis espaldas, me atraviesa, sigue pasando a través de mí en este momento. Un cuerpo de ideas que desea ser inacabable, proliferar en otros textos.
(*) Elaboración fragmentaria sobre el Seminario “El cuerpo en la letra. Representación del cuerpo en la tortura y la represión. Narrativa argentina 1960-2000”, dictado en 2009 en la Universidad Hebrea de Jerusalem, Israel, y en 2010 en la Universidad Autónoma de Barcelona. Programa al final del texto.
Bibliografía
1 Robert Darnton, Los best sellers prohibidos en Francia antes de la Revolución, Buenos Aires, FCE., 2007.
2 Nicolás Rosa, Cuaderno de Narrativa Argentina, Noveno Encuentro de Escritores R. Noble, “La Historia en la literatura”, Buenos Aires, 1996.
3 Alejandro Kaufman en las Jornadas “Cuerpos Argentinos”, IUNA, Bs. As., 2008.
4 Osvaldo Lamborghini, “El niño proletario” en Sebregondi retrocede, 1973, reeditado en Novelas y cuentos, Osvaldo Lamborghini, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1988 y en Novelas y cuentos I, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2003.
5 Beatriz Sarlo, “Los militares y la historia: contra los perros del olvido”, Revista Punto de Vista Nº 30, Buenos Aires, 1987.
6 Horacio González, Cuaderno de Narrativa Argentina, Noveno Encuentro de Escritores R.Noble, “La Historia en la literatura”, Buenos Aires, 1996.
7 Ricardo Piglia, La ciudad ausente, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,1987.
8 Jean Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte, Monte Avila, Caracas, 1981.
9 Gerard Wajcman, El objeto del siglo, Buenos Aires, Ediciones Amorrortu, , 2002.
10 Oscar del Barco, de “Algo sobre los campos de exterminio”, en Revista Nombres Nº 10, U.N.C., Córdoba, Argentina,1997.
11Henri Meschonnic, La Poética como crítica del sentido, Buenos Aires-Madrid, Ediciones Mármol-Izquierdo, 2008.
12 Claudio Martyniuk, Esma: fenomenología de la desaparición, Buenos Aires, Editorial Prometeo, 2004.
-Poemas citados: Liliana Lukin, Descomposición, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1986 y Carne de tesoro, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1990.
(*)Programa del Seminario:.
Sobre tortura y represión: problemas de la representación del cuerpo.
-Osvaldo Lamborghini, “El niño proletario”, en Sebregondi retrocede, 1973, reeditado en Novelas y cuentos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1988, y en Novelas y cuentos I, Editorial Sudamericana, Bs.As., 2003
Elvira Orphée, La última conquista del ángel,1975, Caracas, Venezuela, Ediciones Monte Avila, 1977; Buenos Aires, Editorial Vergara, 1984.
Germán L. García, Perdido, Barcelona, Editorial Montesinos, 1987*
David Viñas, Cuerpo a cuerpo, México, Ediciones Siglo XXI, 1979*
Luisa Valenzuela, “Cambio de armas”, en Cuentos Completos y uno más, México, Editorial Alfaguara, 2004. Editado en 1982 en México y Nueva York y no reeditado en Argentina hasta 1999*
Ricardo Piglia, La ciudad ausente, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1987*
Marcelo Percia, “No todos somos cualquiera (la cuestión política como vacío disciplinario)”, en Revista de Psicoanálisis, Buenos Aires, 1998*
Claudio Martyniuk, Al olor de Argentina, Buenos Aires, Ediciones Tantalia-Crawl, 2003*
Osvaldo Lamborghini, Los Tadeys (1984), Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994. No reeditado en Argentina*
Manuel Puig, Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980), Buenos Aires, Editorial Seix Barral, 1993*
Rodolfo Fogwill, Los Pichyciegos, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1983*
Ricardo Zelarayán, «Bolsas», publicado en Revista Sitio Nº 2, Buenos Aires, 1982, bajo el seudónimo de Odracir Nayaralez*
Héctor Schmucler, “Los relatos de la traición”, en Revista El ojo mocho, Nº 9/10, Buenos Aires, 1997*
Fronteras del cuerpo, fronteras del género.
Estela dos Santos, “Gutural”, en Gutural y otros sonidos, Buenos Aires,Editorial Sudamericana, 1965; Córdoba, Argentina, Alción Editora, 2005.
Sonia Catela, La traducción, novela inédita*
Liliana Lukin, “El cuerpo en la letra”, en Gutural y otros relatos de Estela dos Santos, Córdoba, Argentina, Alción Editora, 2005. También en www.lilianalukin.com.ar http://www.lilianalukin.com.ar/ , Otras publicaciones, Ensayos.
Roma Mahieu, Diario íntimo de Odolinda Correa, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1984 (escrito en 1976, la autora se exilia en 1978).
Claudio Martyniuk, Esma. Fenomenología de la desaparición, Buenos Aires, Editorial Prometeo, 2004.
Tununa Mercado, “Cuerpo de pobre” en En estado de memoria, Buenos Aires, Ada Korn Editora, 1990; Córdoba, Alción Editora1998.
Beatriz Sarlo, “Los militares y la historia:contra los perros del olvido”, en Revista Punto de Vista Nº 30, Buenos Aires, 1987*
Los textos con *, más otros textos que podrían estar en este programa, se pueden encontrar completos o en importantes fragmentos en la curaduría de Literatura “1976-2006. 30 años 30 fragmentos sobre tortura y represión”, entrando por www.lilianalukin.com.ar http://www.lilianalukin.com.ar , Otras publicaciones, ARTEUNA. O bien en: http://www.arteuna.com/convocatoria_2005/Textos/Liliana-Lukin.htm http://www.arteuna.com/convocatoria_2005/Textos/Liliana-Lukin.htm